En tiempos en que el señor de Cuauhnáhuac dominaba la región, el pueblo de San Anton solo era una hilera de casitas de paja y ramas a la orilla de los arroyos. el señor de Cuauhnáhuac tenía un sobrino alto moreno de grandes ojos negros, que era un valiente y magnífico guerrero conocido por su sagacidad y temeridad en las batallas. Se llamaba Itzcóatl, su nombre era igual al del 4º. Tlatoani de México Tenochtitlan.  

Un día al regresar de una cacería, cansado después de haber caminado toda la noche, Itzcóatl tuvo sed y, como era la costumbre se acercó a uno de los jacales, donde lo recibió una muchacha hermosísima llamada Xóchitl quien después de la petición, le ofreció agua en una jícara de barro de las que confeccionaban en el pueblo. Al momento quedaron prendados uno del otro. Desde ese día, en la oscuridad, cada noche se escuchaba una flauta de la que salían dulcísimas notas a la par que se observaba una sombra que se deslizaba rauda entre los árboles hacia el sendero que iba al río de la barranca: Ahí se reunían los enamorado, Xóchitl e Itzcóatl, para entregarse su mutuo amor, más ese amor era imposible ya que él era un noble guerrero y ella una plebeya. Como en todos los pueblos los rumores empezaron a correr y una noche de luna llena se vio atravesar el pueblo a un grupo de guerreros que con teas encendidas se dirigían hacia las lomas de Atzingo. 

Los amantes oyeron murmullos y los gritos los pusieron en alerta, por lo que decidieron esconderse; intentaron atravesar el río pero ya habían sido descubiertos.  

 ¡Deténganse, deténganse! ¡Alto ahí¡ les gritaron varios hombres y se lanzaron sobre ellos. A ti valiente Itzcóatl, eres sobrino de nuestro señor  de Cuauhnáhuac, y no nos es permitido tocarte, más vendrás prisionero con nosotros por mandato del señor tu rey, dijeron al enamorado príncipe”, “Corre  y ocúltate Xóchitl ”- dijo Itzcóatl a la joven, “vienen por ti y tratarán de sacrificarte. Corre con cuidado y ocúltate”. 

En su intento por huir, Xóchitl resbaló y de inmediato le dispararon una flecha que recibió Itzcóatl en su pecho por cubrir a su amada, cayendo muerto en el centro de la corriente. 

Entonces Xóchitl se arrojó sobre su amado y su cuerpo fue atravesado por numerosas flechas. Al ser arrastrados por la corriente, sus cuerpos quedaron atrapados por las rocas que están a la orilla del despeñadero. Solo la larga, oscura y bruñida cabellera de Xóchitl quedó colgando hacia abajo. Al deslizarse el agua sobre ella, se formó la cascada del Salto de San Antón, como ahora le llamamos. Todavía cuentan que si vas al Salto a las doce de la noche en luna llena, oirás a pesar del estruendo del agua las dulces notas de la flauta de barro de la hermosa muchacha.